
El informe que confirma el aumento de la mortalidad infantil y el índice que no se revertirá
«La natalidad viene descendiendo en los últimos 10 o 15 años, acá y en todo el mundo. Lo que pasaba en la Argentina era un fenómeno muy particular: la fecundidad de las mujeres adultas bajaba, pero la fecundidad adolescente no. Eso se revirtió, seguramente, por la política pública de acceso a la anticoncepción, y el efecto de la Educación Sexual integral (ESI) en las escuelas Luego, por la legalización del aborto», explica a Clarín Silvina Ramos, investigadora titular del Centro de Estudios de Estado y Sociedad (CEDES).
Pero también hay que entender, remarca la socióloga, «que tener o no tener hijos no deja de ser un comportamiento social y cultural», y ahí operaron otros procesos «más estructurales». Por un lado, la falta de oportunidades -«que empezó a percibir la población adolescente respecto de su futuro, como las expectativas vinculadas a la educación» -; los nuevos vínculos en sí, «los cambios en las relaciones entre los géneros»; y, también, enumera Ramos, «los cambios en la visión respecto al vínculo entre la sexualidad y la reproducción».
Como contrapartida, a cada vez más primerizas tardías, la tasa de fecundidad adolescente bajó más de un 65% en la última década.
«Ahora se percibe que tener hijos tiene un costo muy alto, difícil de afrontar para las generaciones más jóvenes, al mismo tiempo que se abrieron oportunidades de desarrollo no solo laboral sino personal (se refiere a la búsqueda de bienestar)», sigue la socióloga. Y da su sentencia: «No se va a revertir. La baja en la natalidad llegó para quedarse y es una oportunidad para la organización de la sociedad».
